¿Qué hay ahí afuera?.1

CAPÍTULO 1
Clase de 2ºB del CEIP Ntra. Sra. de la Asunción (Jumilla)
Era un día como los demás, el mismo sol, el mismo sabor de esa carne que le daban para desayunar, el olor de la jaula de al lado donde se encontraba su vecino el tigre de Bengala (por cierto, que se podía lavar más a menudo), los mismos sonidos que venían de la ruidosa familia de monos que las personas del traje gris habían colocado frente a su casa, en fin, todo igual, otro día aburrido: se pasearía para estirar un poco las patas, conversaría con su amigo hipopótamo sobre lo sucio que estaba el barro, observaría a las personitas que querían verlo de cerca, dejaría que los hombres del traje gris le peinaran un poco su melena, comería de nuevo y escucharía el cras – cras de esa cerradura que lo dejaba encerrado toda la noche, lo dicho, otro día más.

Cuando terminó de desayunar fue, como siempre, a beber un poco de agua, antes de dar su paseo y fue entonces cuando se dio cuenta que la puerta estaba abierta.

- ¿Qué habrá ahí afuera? Pensó nuestro amigo.

Sus patas, poco a poco, le llevaron hacia la puerta: pues nadie, no había nadie, así que continuó su paseo, pero esta vez, por sitios distintos. Él era pequeño cuando lo llevaron a esa nueva casa pero no recordaba que el suelo estuviese tan duro, sus pasos eran cortos porque no quería perderse nada, vio a lo lejos a unas jirafas que le resultaron familiares porque a veces, su amigo tigre las había señalado cuando charlaban por la tarde, él decía que tenían el cuello tan largo porque eran muy curiosas y querían enterarse de todo. No sé si serán curiosas pero se están comiendo unas cosas verdes que se ven realmente asquerosas, pensó.

Siguió caminando por ese sitio tan duro y notó que le dolía un poco su pata ¡vaya, una piedra! La piedra estaba clavada en su pata y él no podía quitarla, pero tenía tantas ganas de saber lo que había por ahí que siguió caminando. Era temprano, así que muchos animales aún no se habían despertado. Pasó junto a la vivienda del rinoceronte pero éste roncaba muchísimo así que decidió no molestarlo y después observó a un hombre de traje gris, con un cubo en la mano, que echaba comida a unas ardillas, iba a saludarlo pero pensó que despertaría a rinoceronte, así que siguió su camino.

- ¿Dónde estarán aquí los árboles? Pensó. Era de lo poco que se acordaba de cuando era pequeño: había mucho espacio para correr y árboles para jugar.

Estaba aún pensando en eso cuando oyó un gran grito: ¡Ahhhhhhhh! Y él le saludó: ¡Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr! Pero aquel hombre no siguió la conversación y salió corriendo, le persiguió durante un rato hasta que otra cosa llamó su atención: era un enorme cartel y ponía algo, pero él no sabía leer, en su antigua casa no había carteles y no lo necesitó nunca, ¿qué pondría allí? Era algo parecido a su conocida serpiente y a esos aros que le daban a los monos para jugar y que no le dejaban tomar su siesta…






Tutora: Carmen Martínez Quesada






















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