¿Qué hay ahí afuera? Capítulo 3: Un engaño para volver a la selva


Esa misma noche, la niña pensó que si su padre veía que el león había desaparecido se enfadaría mucho con ella. Así que se le ocurrió una gran idea. Construiría un león de mentira y lo pintaría con marrón, naranja y amarillo. Lo colocaría en el jardín junto a un arbusto y seguro que su padre se  creería la mentira y se lo llevaría al zoo. Entonces se puso manos a la obra y esa misma noche el león quedó terminado. ¡Parecía de verdad!



Al día siguiente el león, que estaba esperando a la niña en el escondite que ella le había dicho, estaba un poco nervioso. La niña no llegaba y él empezaba a tener hambre. De pronto a lo lejos vio una silueta que bailaba muy contenta ¡Era la niña! ¡Por fin podrían desayunar juntos!
Cuando terminaron de desayunar pensaron cómo podrían llegar a la selva. El león dijo:
- Yo creo que estaba muy lejos, había mucho árboles y hacía mucho sol.
Justo cuando el león terminó de decir esas palabras miraron al frente y allí había un cartel que decía:

“VIAJE A ÁFRICA POR UN MÓDICO PRECIO, ALLÍ ENCONTRARÁ LOS ÁRBOLES Y EL SOL QUE ESTÁ ESPERANDO



Era una anuncio de una agencia de viajes y el león lo tuvo claro. ¡África! ¡Allí está mi casa!
La niña y el león pensaron que para llegar a África el único medio de transporte que serviría era el avión, así que se dirigieron al aeropuerto para coger un vuelo. Pero de camino pasaron por la tienda de ropa de Pablo, el amigo de la niña, y compraron ropa para disfrazar al león de persona. Le pusieron una gorra de color rojo, unas gafas de sol, una camiseta verde, unos pantalones vaqueros y unas zapatillas negras, le pintaron el pelo de color carne y ¡Listo! El león parecía una persona.


Cuando llegaron al aeropuerto compraron un billete para África que la niña pagó con el dinero que había cogido de su hucha y allí mismo se despidieron.
- ¡Mucha suerte leoncito! - Dijo la niña.
- ¡Nunca olvidaré lo que has hecho por mí! - Dijo el león.
Y muy contento embarcó en el avión.


Unas horas después el león había llegado a su destino. África era su casa, lo supo enseguida por los grandes árboles y el fuerte sol. Anduvo un rato por la sabana hasta que reconoció una voz que le decía.
- ¡No puede ser! ¿Eres tú, leoncito?
Era su mamá, había estado todo este tiempo soñando con que algún día su pequeño león volvería a la selva y ahora había ocurrido.
Los dos estuvieron horas y horas hablando y el león fue muy feliz con su familia en la selva.
Mientras tanto en el zoo de la ciudad, un león de mentira estaba quieto en su jaula recibiendo comida y fotos de los turistas.


Alumnos de 2º A del C.E.I.P. San Isidoro de El Algar (Cartagena)









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